lunes, 17 de octubre de 2011

Volver a los 17!

"...Se va enredando, enredando
Como en el muro la hiedra
Y va brotando, brotando
Como el musguito en la piedra..."
así se enredó el reseto y el cariño del pueblo que en aquella histórica jornada brotó del subsuelo, sublevándose, y dijo "presente!"
En memoria de los tantos y tantas que ese día "metieron las patas en la fuente" en ceremonia pagana de lealtad a quien les dio voz y voto, van estos recuerdos:








jueves, 13 de octubre de 2011

Invitación a Octubre

lo recibí vía mail, se de quién es pero lo comparto
Invitación a Octubre
Venite para Octubre, yo te invito.
No te quedes en junio.
Junio fue el dieciséis, y la traición.
Aviones que las flores cambiaron por las bombas,
y un mediodía la Plaza
se llenó de cadáveres, de dolor y de sombras.
El odio estalló en junio.
Venite para Octubre, allí te espero.
No te quedes en julio.
Julio fue la agonía, el “viva el cáncer”,
el dolor infinito de un Pueblo sin consuelo.
Fué Evita que se iba
para hacerse inmortal.
A tu madre ese día vos la viste llorar.
Venite para Octubre, vamos juntos.
No pares en septiembre, seguí andando.
Septiembre es la derrota, el Pueblo perseguido,
la cárcel, los fusilamientos.
Después…
Después: dieciocho años de dura proscripción,
y muchos, muchos cómplices
de toda condición.
Venite para Octubre, vamos todos.
No vuelvas nunca a marzo.
Marzo fue la tragedia,
la destrucción, la Muerte.
Murió la vida en Marzo.
¡Y hasta murió la Muerte !
La reemplazaron, crueles, las desapariciones,
y el “en algo andarían” llenó las redacciones.
Nunca vuelvas a marzo.
Pero Nunca lo olvides.
Venite para Octubre, Octubre es nuestro.
El 8 festejamos que nació Juan Domingo,
el que con su palabra despertó a los de abajo,
el que, junto con Eva, nos enseñó el camino
y a defender unidos dignidad y trabajo.
Venite para Octubre, que el Pueblo
en aquel 17 construyó la Lealtad.
De pronto, caminando o trepado en tranvías,
la ciudad sorprendida lo miraba llegar,
Como dijo el poeta:
“de la Patria , se sublevó el subsuelo”,
desbordando las calles, salió a la luz del día
a exigir la libertad del Coronel del Pueblo.
Venite para Octubre, haceme caso.
Octubre es Nuestro mes, es Nuestro tiempo.
Y si no terminaras de entender mi pregón,
si no te conmovieran Evita y Juan Perón.
Mirá ese joven alto que avanza decidido
¿Reconoces en él a tu hijo querido?
Fue también en Octubre, hace apenas un año,
que lo viste llorar con el puño apretado.
Y lloraba por Néstor, que se marchó a la historia,
con Juan Domingo y Eva a reunirse en la Gloria.
En ese 27, maduró de repente.
Sintió que era ya un hombre,
le cruzó la mirada una sombra doliente.
Y un segundo después, masticando su llanto,
gritó el nombre de Néstor y descubrió que es cierto,
que hay hombres que la vida la atraviesan de frente,
sin bajar la cabeza, sin bajar los ideales.
Y se unió a nuevos hijos, nuevas generaciones
que salen a luchar con fe en sus convicciones.
Ya estás aquí, en Octubre, vivilo plenamente.
Octubre es Nuestro tiempo, tiempo de construcción
No vaciles: la Historia reclama tu presencia
Se que no es necesario ponerle más palabras
Tu hijo viene a tu lado. Ya es otro compañero
que, con Perón y Evita, con Néstor y Cristina,
llega con paso firme a refundar la Historia.
Octubre es todo Nuestro y es Nuestra la Victoria!

La rama tiene sus pájaros fieles porque no ata, ofrece.

domingo, 9 de octubre de 2011

No hay peor ciego que el que no quiere ver.


Después de leer la nota de la señora Sarlo (http://www.lanacion.com.ar/1412508-nombrar-a-kirchner) sentí la necesidad de decir la parte que no dice y aclarar las aseveraciones que se deslizan, visiones parciales que poco se ajustan a un trabajo serio.

Somos muchos los que dimensionamos la figura de Néstor Kirchner tiempo después de haber asumido la presidencia.

Veníamos desengañados de la vieja política, de los políticos mentirosos, embaucadores, de los que prometían lo que no cumplían, de los que ataron al país a compromisos que hipotecaron el futuro de generaciones de argentinos y argentinas, de los que empujaron a la nación al barranco del 2001.

Pero nos tomamos nuestro antes de depositar nuestra confianza en ese desgarbado exgobernador pingüino que asumió con sólo el 22% de los votos. Era un Presidente que tenía toda la fuerza pero estaba pagando el costo de los gravísimos desaciertos de los que, antes que él, habían ocupado el gobierno. Esos a los que en las jornadas del 20 y 21 de diciembre de 2001 se les dedicó la frase que queda para la historia: “que se vayan todos”.

Justo en ese clima llegó “él”: Kichner, Néstor Kirchner, Néstor, o simplemente “El Pinguino”.

La estatura política se fue dimensionando con el transcurso de sus actos, de sus discursos, de lo que hizo en su gobierno. Y el 22% que legalizó su llegada a la casa rosada, sumó de a poco y de a mucho una legitimación que no paró de crecer aún después de su muerte.

Esa fue la primera estatua simbólica que se le erigió: en la esperanza del pueblo, en el corazón de la gente, en la confianza recuperada. Luego vinieron otras: la que se formó cuando la multitud se concentró, esperó horas para darle el saludo doloroso ante su repentina partida. Como en el tema de Bersuit, Néstor no paraba de crecer en los corazones de los argentinos y las argentinas que le levantaban nuevas e impactantes estatuas mientras caminaban bajo la llovizna hasta el avión que lo trasladó a su provincia natal. Esas estatuas son las que más duran. Son inexpugnables. No se derriban ni con decretos ni con mentiras, y tienen la virtud de ser transmitidas a las generaciones siguientes en el seno familiar de la gente común. Paradojas: era mucha de esa misma gente que unos años atrás había preferido “que se vayan todos” los que los engañaron y los arruinaron.

Es cierto, todo tiempo pasado fue distinto, y para comprender el presente hay que volver a examinar ese pasado.

Con respecto a lo inevitable de darle a Néstor Kirchner un lugar en la historia, más que “inevitable” es un acto de justicia.

Hablando de mitos: el mito se construye con una carga de tiempo, que se escribe y se reescribe, y ha ocurrido siempre con los personajes públicos de la historia, no sólo con los que provienen del kirchnerismo, y categorizar de “personalista” sólo al peronismo es es exponer la mitad de los hechos, es decir, es “llorar por un solo ojo”. El Yrigoyenismo, el rosismo, también tuvieron su actitud personalista, sin embargo no se menciona ex profeso por la autora de la nota que lo único que hace es seguir los dictados de la línea editorial del medio para el que escribe. Es lícito ser empleado y también lo es tomar partido por una idea. Pero hacerlo y negarlo conllevan una dosis de cinismo que toma al resto por estúpido: en enero de 2011 se publicó una nota editorial en el mismo diario que parecen “la madre” y “la hija”. En enero http://www.lanacion.com.ar/1340510-kirchner-la-construccion-de-un-mito y en octubre: http://www.lanacion.com.ar/1412508-nombrar-a-kirchner.

Leer ambas notas, encontrar las líneas en común, repetidas, me llevó a pensar al principio qobre la pobreza de ideas, ¿cómo se puede copiar una nota editorial del diario de hace 9 meses?. Pero después entendí que, en realidad no se ha vuelto sobre un tema sino porque se trata de una imposición editorial.

Como decía Jauretche, pero refiriéndose a otro diario (La Prensa), pero que le cabe muy bien a la nota en cuestión, dada la orientación ideológica del diario donde: “Sus columnas fueron columnas fundamentales de la estructura cultural del coloniaje y sus páginas nutrieron, día a día, durante un siglo la mentalidad entreguista destinada a evitar cualquier reacción del espíritu nacional. El imperialismo coronó sus estructuras económicas con un andamiaje de ideas, principios y concepciones que sujetaba a los argentinos a un verdadero coloniaje mental. La Prensa ha sido y sigue siéndolo, una pieza clave de ese mecanismo de dominación, sin duda más difícil de quebrar que el económico”[1].

Hay ataques descarnados pero disfrazados de argumentos serios. Cuando se hace referencia a que desde la muerte de Néstor Kirchner nuestra Presidenta comenzó a nombrarlo a él, al hombre que la acompañó en los años en que ambos eran estudiantes de la carrera de derecho, al que después fue su compañero no sólo de militancia sino como pareja, al padre de sus hijos, como “él”. Todos y todas –sin haber transitado los claustros eminentes ni haber disertado en prestigiosas universidades del exterior- nos damos cuenta de que la utilización del pronombre evita, al reemplazar el nombre, una excesiva emoción. Cualquiera puede comprenderlo. Cualquiera que tenga la capacidad de entender que muchas veces se da esa conjunción exacta entre dos seres humanos que compartían un proyecto, que supieron construirlo y que establecieron una relación en el espacio y en el tiempo, que los unió algo que simplemente se llama amor. Al menos debería tratar de entenderlo sin partir del propio prejuicio o de la propia frustración porque ensucia el desarrollo de su pensamiento, y avanza un poco más allá forzando una comparación de la situación familiar de la Presidenta con la actividad de la hija del presidente que perdió un hijo en un accidente de helicóptero.

Grave error o falacia, no lo se, Cristina en el gobierno no es la heredera de Kirchner, es la Presidenta elegida por el voto popular. Los herederos (en sentido jurídico, referido a sus bienes) en todo caso serán aquellos que defina el Código Civil. Pero en la nota se se explicita y deja “flotando” la primera idea.

Avanzada la lectura de la nota encontramos que se habla de la “astucia” del peronismo. Exponer así en general, sin mayores precisiones argumentales o con serios fundamentos, resulta una omisión que no pareciera producto de un olvido debido la calidad de quien escribe. Pero, suponiendo que fue un “olvido”, cabría preguntarse las causas de la falta de ¿astucia? (para seguir el “razonamiento”) por parte de otros partidos políticos, la carencia o las pocas creaciones simbólicas, y la explicación de por qué no los supieron mantener en el tiempo como núcleo duro de identidad partidaria.

Cuando afirma que el nombre de Néstor “está por todas partes” resulta se instala desde dicha afirmación una actitud que induce al error por generalización, ¿cuántas avenidas, plazas, etc. llevan el nombre de otros líderes políticos a los que la señora Sarlo no menciona ni en los hechos ni en el tiempo?. Tal vez convendría un estado de situación acerca de los nombres de calles, avenidas, plazas, etc. y un trabajo comparativo para conocer fehacientemente cuál es la verdad. Lo contrario, dicho desde sus palabras, induce a pensar una realidad fraccionada.

Paradójico, pero quienes se embanderan en la supuesta seriedad de su “análisis” se hace eco de “Rumores y trascendidos, todavía incomprobables” (SIC) pero que incluye como otorgándoles crédito. Si se trata de un rumor o un trascendido es un simple “chusmerío” y si es incomprobable por ahora ¿para qué darle trascendencia?.

Sin lugar a dudas ya no leemos los diarios con los ojos de la “Doña Rosa” de los años de Neustadt, esa invención alimentada con puñados de mentiras o de medias verdades orientadas a forma opinión pública vertical. La elaborada contradicción de que: “Néstor es irreemplazable, pero para seguir siendo irreemplazable tiene que ser reemplazable. Cristina ocupa el lugar del irreemplazable” es claro que, efectivamente, Néstor es irremplazable en el lugar que ocupaba, y que Cristina no ocupa porque ella es la Presidenta actual, en tanto que él se ocupaba de otras cuestiones. Pero se sigue ensuciando la investidura presidencial cuando se refiere a la “sucesión por matrimonio” frase tan falta de verdad que no requiere explicación.

Cuando leía esta temeraria nota, recordé a Arturo Jauretche cuando evocaba los tiempos en que “los grandes diarios” (aludiendo a La Prensa, La Nación) imponían los temas que se repetirían a lo largo de la jornada, y de cómo –utilizando un argumento falaz- para ocultar su decadencia, los obedientes empleados de estos “grandes diarios” vociferaban acerca de lo mal que estaba el país porque la gente leía “Crónica” y ya no repetían las zonzeras elaboradas por ellos.

Voy a dejar que termine de contestar la nota Don Arturo Jauretche, contrarrestando la mala leche de la nota:

“La caída de circulación, … es la mejor prueba de que pasó el tiempo de la tiranía del cuarto poder y del acatamiento a lo loro de lo dicho en la columna magistral de los editoriales. Esto se sabe perfectamente en las redacciones y para obviar el que nadie les lleve el apunte a lo que editorialmente se dice, se ha dado el recurso de dar la información de los hechos, no como ocurren, si no como debieran ocurrir según la doctrina profesada por el periódico. …Esto ha llevado a que los redactores seleccionados sean los que rellenan y adoban los telegramas, y que los que no sirven escriban los editoriales, por lo que no es raro que los escriba algún Mitre o algún Paz.

He vivido bastantes años para ver la amplia curva de ascenso y luego la de descenso desde el cenit, del prestigio de los grandes periódicos hasta esta hora de decadencia definitiva.

Hijo de mi tiempo y de mi época los vi en mi infancia, como los miraba hacia arriba como los veo ahora en mi vejez, mirando hacia abajo. Pero lo que importa no es cómo los vi o los veo yo sino como los ve el pueblo, y compruebo que en éste se ha ido produciendo una toma de conciencia paralela a la maduración que se produjo en mí: a medida que el país fue elaborando una conciencia de sus propios intereses y una fe y esperanza en el destino nacional, y se destruían los mitos y las supersticiones coloniales que la obstaculizaba, esta conciencia alcanzaba también a la identificación de los instrumentos de la colonización pedagógica. Así hemos llegado al momento en que la misma circulación, escasa o abundante, ya ni siquiera es índice de la eficacia periodística porque la masa de lectores ha identificado la calidad empresaria del supuesto órgano magistral. Han pasado los tiempos en que los grandes medios eran citados como autoridades. Más bien en lugar de manifestarse dice ” La Nación, dice La Prensa”, suele comentarse hoy: ” hasta lo dice “La Prensa” y “La Nación” para mostrar una verdad tan evidente que los enemigos natos de la misma no pueden disimular”. ARTURO JAURETCHE, Noviembre de 1970



[1] La Prensa, cien años contra el país. Ed. Por Sindicato de luz y Fuerza Capital federal.

sábado, 8 de octubre de 2011

La aventura del conocimiento y el aprendizaje. Un texto de Dolina, lectura de sábado.

LA AVENTURA DEL CONOCIMIENTO Y EL APRENDIZAJE La velocidad nos ayuda a apurar los tragos amargos. Pero esto no significa que siempre debamos ser veloces. En los buenos momentos de la vida, más bien conviene demorarse. Tal parece que para vivir sabiamente hay que tener más de una velocidad. Premura en lo que molesta, lentitud en lo que es placentero. Entre las cosas que parecen acelerarse figura -inexplicablemente- la adquisición de conocimientos.

En los últimos años han aparecido en nuestro medio numerosos institutos y establecimientos que enseñan cosas con toda rapidez: "....haga el bachillerato en 6 meses, vuélvase perito mercantil en 3 semanas, avívese de golpe en 5 días, alcance el doctorado en 10 minutos....."
Quizá se supriman algunos... detalles. ¿Qué detalles? Desconfío. Yo he pasado 7 años de mi vida en la escuela primaria, 5 en el colegio secundario y 4 en la universidad. Y a pesar de que he malgastado algunas horas tirando tinteros al aire, fumando en el baño o haciendo rimas chuscas.
Y no creo que ningún genio recorra en un ratito el camino que a mí me llevó decenios.

¿Por qué florecen estos apurones educativos? Quizá por el ansia de recompensa inmediata que tiene la gente. A nadie le gusta esperar. Todos quieren cosechar, aún sin haber sembrado. Es una lamentable característica que viene acompañando a los hombres desde hace milenios.
A causa de este sentimiento algunos se hacen chorros. Otros abandonan la ingeniería para levantar quiniela. Otros se resisten a leer las historietas que continúan en el próximo número. Por esta misma ansiedad es que tienen éxito las novelas cortas, los teleteatros unitarios, los copetines al paso, las "señoritas livianas", los concursos de cantores, los libros condensados, las máquinas de tejer, las licuadoras y en general, todo aquello que ahorre la espera y nos permita recibir mucho entregando poco.
Todos nosotros habremos conocido un número prodigioso de sujetos que quisieran ser ingenieros, pero no soportan las funciones trigonométricas. O que se mueren por tocar la guitarra, pero no están dispuestos a perder un segundo en el solfeo. O que le hubiera encantado leer a Dostoievsky, pero les parecen muy extensos sus libros.
Lo que en realidad quieren estos sujetos es disfrutar de los beneficios de cada una de esas actividades, sin pagar nada a cambio.

Quieren el prestigio y la guita que ganan los ingenieros, sin pasar por las fatigas del estudio. Quieren sorprender a sus amigos tocando "Desde el Alma" sin conocer la escala de si menor. Quieren darse aires de conocedores de literatura rusa sin haber abierto jamás un libro.
Tales actitudes no deben ser alentadas, me parece. Y sin embargo eso es precisamente lo que hacen los anuncios de los cursos acelerados de cualquier cosa.
Emprenda una carrera corta. Triunfe rápidamente.
Gane mucho "vento" sin esfuerzo ninguno.
No me gusta. No me gusta que se fomente el deseo de obtener mucho entregando poco. Y menos me gusta que se deje caer la idea de que el conocimiento es algo tedioso y poco deseable.
¡No señores: aprender es hermoso y lleva la vida entera!

El que verdaderamente tiene vocación de guitarrista jamás preguntará en cuanto tiempo alcanzará a acompañar la zamba de Vargas. "Nunca termina uno de aprender" reza un viejo y amable lugar común. Y es cierto, caballeros, es cierto.

Los cursos que no se dictan: Aquí conviene puntualizar algunas excepciones. No todas las disciplinas son de aprendizaje grato, y en alguna de ellas valdría la pena una aceleración. Hay cosas que deberían aprenderse en un instante. El olvido, sin ir más lejos. He conocido señores que han penado durante largos años tratando de olvidar a damas de poca monta (es un decir). Y he visto a muchos doctos varones darse a la bebida por culpa de señoritas que no valían ni el precio del primer Campari. Para esta gente sería bueno dictar cursos de olvido. "Olvide hoy, pague mañana". Así terminaríamos con tanta canalla inolvidable que anda dando vueltas por el alma de la buena gente.
Otro curso muy indicado sería el de humildad. Habitualmente se necesitan largas décadas de desengaños, frustraciones y fracasos para que un señor soberbio entienda que no es tan pícaro como él supone. Todos -el soberbio y sus víctimas- podrían ahorrarse centenares de episodios insoportables con un buen sistema de humillación instantánea.
Hay -además- cursos acelerados que tienen una efectividad probada a lo largo de los siglos. Tal es el caso de los "sistemas para enseñar lo que es bueno", "a respetar, quién es uno", etc.
Todos estos cursos comienzan con la frase "Yo te voy a enseñar" y terminan con un castañazo. Son rápidos, efectivos y terminantes.


Elogio de la ignorancia: Las carreras cortas y los cursillos que hemos venido denostando a lo largo de este opúsculo tienen su utilidad, no lo niego. Todos sabemos que hay muchos que han perdido el tren de la ilustración y no por negligencia. Todos tienen derecho a recuperar el tiempo perdido. Y la ignorancia es demasiado castigo para quienes tenían que laburar mientras uno estudiaba.
Pero los otros, los buscadores de éxito fácil y rápido, no merecen la preocupación de nadie. Todo tiene su costo y el que no quiere afrontarlo es un garronero de la vida.
De manera que aquel que no se sienta con ánimo de vivir la maravillosa aventura de aprender, es mejor que no aprenda.

Yo propongo a todos los amantes sinceros del conocimiento el establecimiento de cursos prolongadísimos, con anuncios en todos los periódicos y en las estaciones del subterráneo.


"Aprenda a tocar la flauta en 100 años".
"Aprenda a vivir durante toda la vida".
"Aprenda. No le prometemos nada, ni el éxito, ni la felicidad, ni el dinero. Ni siquiera la sabiduría. Tan solo los deliciosos sobresaltos del aprendizaje".



ALEJANDRO DOLINA


miércoles, 5 de octubre de 2011

La "endeble" memoria de los radicales


Ricardo Alfonsín camina sobre un tembladeral de la memoria. Endeble candidato olvida lo que le conviene.
En el spot de campaña para este octubre de 2011 (pasado a repetición en los canales donde le toca por sorteo) refiere infinidad de cuestiones que deben ser aclaradas para los que no conocen o no se acuerdan de la política en los ochenta.

Cuando Ricardo Alfonsín hace su crítica sobre cómo combatir a la pobreza, recordemos la caja P.A.N. del gobierno de su padre
¿te acordás? justamente que no fue la "PAN-acea" porque en lugar de crear fuentes de trabajo, atendió a llevar alimentos a los más carenciados (no a INCLUIRLOS).

Esos son los que hablan de "los vagos que tienen hijos para cobrar la asignación universal" y critican el "clientelismo", pero que seguramente que se les borró la memoria (porque no les conviene) lo que NUNCA hicieron ellos.

Por las dudas, para los que lo siguen leyendo, así lo reflejaba Clarin http://edant.clarin.com/diario/1999/11/15/t-00401d.htm

Pero además, hay que hacer otra memoria:
los bonos solidarios durante el gobierno de Alfonsín. En un trabajo de Norberto Galasso se explica el tema y podés leerlo en este link: http://www.discepolo.org.ar/files/alfonsin_menem_delarua.pdf
El gobierno de Alfonsín aumentó el endeudamiento externo (FMI) y debió recurrir a la emisión de bonos que captaban el ahorro interno y aumentaban, por lógica, el endeudamiento interno. Esta situación llevó, finalmente, al conocido como Plan Brady.
Radicales: un cacho de memoria!
Es la "lógica" de los "desmemoriados": apuestan a que muchos de los posibles votantes no conozcan su pasado.

Como cuando decían que si pasabas un "disco" al revés se escuchaba un mensaje diabólico encontré este video que te cuenta la verdad del discurso de Alfonsín (el yúnior):

viernes, 30 de septiembre de 2011

NO FUE PRIMICIA DE CRONICA TV



No fue primicia de Crónica... porque ya había ocurrido en nuestro país...

martes, 27 de septiembre de 2011

EL PRESIDENTE QUE SE ZAMBULLÓ EN EL PUEBLO


EL PRESIDENTE QUE SE ZAMBULLÓ EN EL PUEBLO.
por Mónica Oporto

Cuando aquel 25 de mayo de 2003 Néstor Kirchner asumía la presidencia de la República Argentina, aun muchos estaban tratando de escrutar en sus palabras, en sus gestos y en sus actos quién era realmente este hombre poco conocido para tantos y preguntándose qué haría en su gobierno?
Como todavía existía una herida sin cicatrizar que provenía de años de políticas que desnacionalizaron la política, la economía, la cultura, y que se enfocaron a estigmatizar la participación política, -es decir: a la militancia-, había un dejo de desconfianza en un pueblo castigado, dolorido y enojado.
Se sabía que Néstor venía de ser gobernador de una provincia “del sur”, que había trabajado mucho para dar vuelta la situación de aquella provincia a la que recibió llena de deudas y donde, por ejemplo,  las escuelas carecían de tizas y los hospitales de lo más elemental...pero que, sin embargo seis meses le habían bastado para comenzar a revertir la situación. 
Se decía que había hecho una gran obra en Santa Cruz...
Y así era. 
A partir de que asumió la presidencia se encargó de dejar en claro su compromiso con todos los argentinos, puso en evidencia su voluntad de cambiar el país, de “mezclar y dar de nuevo" y de jugarse por todos los argentinos.
Fue entonces que las corporaciones, (que terminaron de entender la real dimensión de aquél Presidente), lo empezaron a tratar como a un enemigo y salieron a pegarle.
 









Fue grandioso. 
Aquellos años de su gobierno devolvían la primavera, devolvían una parte de la Argentina que el golpe militar había tronchado. 
Y los 7 años que pasó por la vida de todos los argentinos como Presidente, como expresidente, como Secretario General de la UNASUR, y fundamentalmente como militante (que nunca dejó de ser, porque este aspecto no quedó en la puerta de la Casa de Gobierno como ninguna de sus convicciones), los transitó con la misma energía y la vehemencia con que encaraba la vida y hacía lo que entendía que había que hacer. 
El Presidente-Militante que tuvo la gran virtud de saber contagiar las ganas de hacer y de recuperar la mística de la militancia.  
Pero también El Presidente que trabajó y le puso el corazón a la plaza recuperada, ese espacio de contacto-intercambio y opinión. 
El Presidente que recuperó la política y que implementó las políticas de recuperación de nuestro país.
Tal vez sea una paradoja que muriera el mismo día en que los argentinos nos preparábamos a saber cuantos éramos. El día de ese censo que la prensa opositora denominó "Censo del miedo" desde la pantalla de TN. 
Justo ese día él se fue.
Así como entró en las vidas de todos, con esa energía de viento patagónico, así se iba.


Pero lo cierto es que, por donde pasó dejó su marca.
Pero dejó mucho más que eso, mucho más de mil flores: dejó millones de militantes, de argentinos y argentinas,  de personas de todas las edades comprometidas, atentas, participando. Personas agradecidas. Personas que se plantaron a mirar su destino desde otra perspectiva.
Por eso lo recuerdo hoy y todos los días. 
Lo recuerdo con alegría, como se lo merece. Con la alegría del agradecimiento por la Argentina que nos devolvió, la Argentina que se nos iba ALCA…rajo pero él lo evitó!
Y las lágrimas no están permitidas, deben ir para adentro (aunque, mientras esto escribo, algunas lágrimas no me hicieron caso…)


Dentro de unos días mucho se dirá, mucho se recordará al cumplirse el año de aquella mañana de censo en que recibimos la noticia de su partida, creo que seguir la militancia desde el cielo.
Dentro de unos días habrá palabras, memorias, etc. pero, para mí,  es necesario recordarlo todos los días. 
En realidad se impone cada vez que nos enfrentamos con todo lo que hizo. Y lo que sigue haciendo, lo que ha logrado: ese cambio que, día tras día,  se operó en todos nosotros.En los jovenes que ingresaron a la política, en los que le perdieron el miedo a la política (introducido por años en la cabeza de todos los argentinos como una "mala palabra"), entre los que la recuperaron después del impasse de años de horror y descreimiento.
Enumerar los logros es importante. Otros lo  harán. 
Por sobre todas las cosas se debe destacar uno, tal vez el mayor logro: Néstor consiguió que los argentinos se fueran sumando, de a poco, desde distintas posiciones pero con convencimiento, en pos de un mismo proyecto nacional.
Tal vez lo consiguió porque Néstor fue el Presidente que se zambulló en el pueblo.  
Ahí fructificó. 
Ahí está.
Después de este viento patagónico ya nada es igual.