sábado, 27 de diciembre de 2008

PARA EL 2009

ESTA BOTELLA AL MAR, LA N`38, LLEVA EL MENSAJE DE ESA MUJER.






BOTELLA AL MAR N`37... YA SABEMOS TODOS LOS CUENTOS. NO NOS DUERMEN CON CUENTOS

BOTELLA QUE LLEVA EL MENSAJE DE LEÓN FELIPE. QUE NO TE DUERMAN CON CUENTOS... YA NO NOS DUERMEN LOS MEDIOS CON SUS CUENTOS.







SÉ TODOS LOS CUENTOS

Yo no sé muchas cosas, es verdad.
Digo tan sólo lo que he visto.
Y he visto:
Que la cuna del hombre la mecen con cuentos,
que los gritos de angustia del hombre los ahogan
con cuentos,
que el llanto del hombre lo taponan con cuentos,
que los huesos del hombre los entierran con cuentos,
y que el miedo del hombre…
ha inventado todos los cuentos.
Yo no sé muchas cosas, es verdad,
pero me han dormido con todos los cuentos…
y sé todos los cuentos.

jueves, 25 de diciembre de 2008

BOTELLA AL MAR Nº 36. SOLICITADA DE LEONARDO FAVIO.


En esta botella va la solicitada publicada por Leonardo Favio en Página 12 que resume en pocas palabras una realidad contundente.
Leonardo, si nos hubieras avisado!!! muchísimos estábamos dispuestos a colaborar para la publicación!!

Sr. Vicepresidente de la república Argentina
Dr. Julio César Cleto Cobos

De mi mayor consideración:

Creo tener la solución para "el problema que lo conflictúa (según escuhé esta mañana -martes- en una radio). Es muy simple: renuncie. Renuncie al cargo que se ganó de upa, porque –no se engañe ni engañe- Ud. no fue elegido por el pueblo, sino por un traspié fatal del Dr. Kirchner. Aunque dudo que lo hará porque Ud. no siente culpa; o, mejor dicho, Ud. no tiene nivel para ser culpable".

No sea atolondrado, renuncie y será el acto más heroico y aventurado de su desdibujada vida.

Leonardo Favio

PD: mucho le agradeceré -si estuviera dentro de sus posibilidades- me ayude a pagar el costo de esta solicitada.

miércoles, 24 de diciembre de 2008

BOTELLA AL MAR N°35 NUEVA PRESENCIA. HERMAN SCHILLER


Recoge esta botella para leer su contenido detenidamente porque vale la pena de punta a punta:
" En otras partes del mundo sin duda es distinto, pero entre
palestinos e israelíes sólo la paz es revolucionaria."

DISCURSO DE HERMAN SCHILLER EN EL HOMENAJE A "NUEVA PRESENCIA"
(9-XII-08, esquina de Castelli y Valentín Gómez


En la Argentina se sigue criminalizando la pobreza, porque
sigue siendo delito ser joven, pobre y morocho.

En la Argentina, en nuestro país, desde el 10 de diciembre de
1983, es decir desde que se fue la dictadura y se instaló ésto que
algunos llaman "democracia", otros "democracia de baja intensidad" y
otros "mero republicanismo formal"; en ese lapso, que va del 10 de
diciembre de 1983 hasta hoy, o sea en 25 años, la policía de gatillo
fácil asesinó a 2557 personas inermes --inermes quiere decir
desarmadas-- , producto de la tortura en comisarías o de fusilamientos
lisos y llanos. Eso por supuesto no incluye ni los enfrentamientos ni
los presuntos enfrentamientos.

Las cifras han sido rigurosamente documentadas por ese importante
organismo surgido después de la dictadura que es la Correpí, la
Coordinadora contra la Represión Policial e Institucional. La cifra,
quizás sea mayor, pero esto es lo que está documentado.

2557 asesinatos; de los cuales 1062 fueron cometidos por el
aparato represivo del Estado desde el 25 de mayo del 2003, o sea
durante la era K. Un verdadero genocidio. Un verdadero terrorismo de
Estado en plena "democracia". Que también tiene desaparecidos como
Julio Jorge López, cuya aparición con vida seguimos reclamando, así
como el juicio y castigo a los culpables de su secuestro.

¿Qué tiene que ver esto con el homenaje a "Nueva Presencia"? Y,
mucho, porque éste sería hoy uno de los temas básicos de este
semanario si pudiera salir de nuevo, y no los sambenitos reaccionarios
de la inseguridad con que nos satura hasta el hartazgo la derecha
mediática y sus epígonos.

En la Argentina, las fuerzas represivas del Estado matan hoy a un
pibe cada día y medio como promedio. Y repito, por si alguno se
distrajo: como consecuencia de torturas y fusilamientos. Eso sucede
esencialmente en los barrios más pobres, en los barrios donde hace
décadas que cerraron las fábricas y la educación y la salud son
absolutamente precarias.

"Nueva Presencia" fue una publicación que, en medio de terribles
hostilidades externas e internas, trató, desde la identidad judía, de
identificarse directamente con los sectores más oprimidos, con los
sectores más explotados y con los sectores, como se denomina hoy, más
excluídos.

Entonces era una lucha contra el régimen militar fascista que hacía
desaparecer a quienes se le oponían. Para eso puso el cuerpo y el alma
para denunciar a los masacradores y a sus cómplices cercanos y
lejanos.

Hoy "Nueva Presencia" no sale porque a quienes nos interesa una
publicación así no tenemos plata y los que sí tienen plata, aunque
presuman de progresistas, no les interesa para nada que "Nueva
Presencia" renazca de sus cenizas.

Hoy, efectivamente, "Nueva Presencia" ya no está en la calle, pero
como ustedes podrán más o menos apreciar, todavía seguimos enteros
peleando en otros terrenos.

En estos momentos junto a los trabajadores de General Motors y
otras automotrices, que salieron a combatir las suspensiones, los
despidos y el fantasma de la desocupación; y a gritar que la crisis
del capitalismo no debe recaer sobre las espaldas de los que menos
tienen. Y, también, junto a los docentes, los médicos y demás
trabajadores de la salud. Y junto a los obreros de los frigoríficos y
curtiembres que están sufriendo despidos masivos. Y junto a los
vecinos ambientalistas de Esquel, Catamarca y tantos otros lugares que
se movilizan todos los días, sin que los medios digan una sola
palabra, contra los monopolios mineros que contaminan el medio
ambiente y saquean el subsuelo del país.

Todo esto es parte de nuestra lucha cotidiana actual. Que por
supuesto no quedará reflejada en las página de "Nueva Presencia",
porque ya hace veinte años que dejó de existir.

Últimamente estoy recibiendo homenajes por "Nueva Presencia. Y,
como soy quizás esquizofrénico, los acepto y al ratito me arrepiento,
pero creo que lo hago porque estoy harto de que los burgueses judíos
me traten como marginal y bicho raro, cuando son ellos en realidad los
que están navegando en contra de las corrientes de la historia.

Y estos homenajes, que vienen de afuera de la comunidad judía,a
ellos los irrita. Y yo siento enorme placer cuando ellos están
irritados por mi causa. Es como en una vieja y hermosa canción en
ídish titulada "Avreiml der marvijer", que es la historia de un
raterito de barrio, en este caso de un raterito de un barrio judío
pobre de la Europa Orienta de la década del treinta, pero bien podría
ocurrir en Berazategui, en Ciudad Oculta o en González Catán. Y
"Avreiml der marjiver", el pequeño raterito, canta con la voz
entrecortada del enorme placer que siente cuando "un sucio magnate"
cae entre sus manos.

Y bien, agradezco los homenajes, pero respetuosamente, con toda la
cautela que puedo, les digo que sigo siendo un hombre antisistema que
confronta con el poder. O para decirlo con otros vocablos: sigo siendo
revolucionario y apuesto a la revolución socialista que lleve al poder
a los más desposeídos.

Por eso trato de hablar del pasado despacito y sin exagerar, a
pesar de todo el orgullo que siento por lo que hicimos en el pasado.
Prefiero en cambio hablar de las luchas contemporáneas, las que se
libran en estos mismos momentos.

Un libro judío de la antigüedad, el "Pirkei Avot", escrito en
idioma arameo, contiene un aforismo, un consejo, que me ha guiado
siempre: "Al titvadá larashut", no te acerques al poder.

No sólo he tratado de estar lo más lejos posible del poder del
Estado opresor, sino que lo he enfrentado todas las veces que he
podido. Ayer en "Nueva Presencia", hoy en las durísimas peleas de
todos los días. Por eso me he diferenciado tanto del judaísmo oficial,
que ayer fue condescendiente con los asesinos de uniforme y hoy cada
día se mimetiza más con los explotadores.

A propósito del judaísmo oficial, que se autodefine a sí mismo como
"genuino", a esta misma hora, o quizás dentro de algunos minutos,
realizarán un acto por el Día de los Derechos Humanos. Vaya
hipocresía. Sabemos muy bien dónde estuvieron y dónde están.

De todos modos quiero decir que la expresión "derechos humanos" la
utilizo lo menos posible. Es una expresión cada día más deslucida y
manoseada. Hoy cualquier burgués, cualquier tilingo, habla delos
derechos humanos. Y, desde la DAIA hasta el Citibank, tienen una
comisión de derechos humanos.

"Nueva Presencia" fue un periódico judío. Y un periódico judío que
decidió asumir papeles de vanguardia en la lucha contra el fascismo
era, a fines de los setenta y principios de los ochenta, un fenómeno
que algunos sorprendidos consideraron esotérico.

Los dirigentes judíos, es bastante conocido, combatieron a "Nueva
Presencia" sin piedad. Y, del otro lado, hubo quienes no ocultaron su
aprensión prejuiciosa. Pero a medida que iba creciendo quedó claro que
no venía a blanquear a nadie, sino que simplemente se dedicó a recoger
la tradición revolucionaria de los trabajadores judíos. Esta tradición
revolucionaria que hizo que miles de judíos participaran de la
Revolución de Octubre. Esa misma tradición revolucionaria que originó
que miles de jóvenes judíos argentinos formaran parte del ERP, de
Montoneros y demás organizaciones combatientes.

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Hace algunos años llegó a Buenos Aires un representante del
Farabundo Martí de Liberación Nacional (FMLN), o sea la guerrilla
salvadoreña que peleaba contra la feroz dictadura de ese país. Se
llamaba Rutilo Sánchez y yo lo fui a entrevistar.

El reportaje transcurría sobre carriles más o menos previstos,
pero en un momento determinado apareció el tema judío. Y el dirigente
guerrillero me dijo: "Ah, tú eres judío. Qué bien, porque en Nueva
York tenemos un rabino que es una maravilla. Cada combatiente de
nuestras organizaciones, cada exiliado de Centroamérica que llega
allí, él los refugia en su sinagoga y les da techo y comida.

Y yo le pregunté entonces no sin cierto asombro: ¿Y quién es ese
rabino? Y él me respondió: se llama Marshal Meyer.

Efectivamente, Marshal Meyer, en su sinagoga de "Bet Yeshurún" de
Nueva York, solía decir que una sinagoga que sólo sirve para rezar, en
realidad no sirve para nada. Y agregó: si alguien quiere hacer del
judaísmo un club privado a mí no me interesa.

Y por qué traigo esta anécdota tan significativa. Para subrayar las
diferencias.

En Villa Crespo, barrio de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires,
había una escuela judía abandonada llamada Jaim Najman Bialik, en la
calle Aguirre. Los indigentes del barrio fueron a la escuela y la
ocuparon como ocupan legítimamente tantos edificios abandonados. Y qué
hicieron los burgueses judíos de Buenos Aires: llamaron a la policía
para desalojar el edificio.

Y todos sabemos muy bien que si hubiera estado Marshal Meyer en la
calle Aguirre, en vez de llamar a la policía hubiera organizado
enseguida la comida para los ocupantes.

Marshal nunca quiso blanquear a nadie. Solía ser muy duro al
denunciar las lacras internas.

De todos modos quiero subrayar que Marshal y yo no éramos lo mismo.
Había matices y diferencias bastante profundas. El se había criado en
Manhattan y yo cerca de la cancha de Atlanta. El era creyente y rabino
y yo ateo y socialista. El no era antiimperialista porque decía que
eso era una boludés de los intelectuales de izquierda y yo soy
profundamente antiimperialista. El era muy elegante y vestía como
Robert Redford y yo me cagaba en la elegancia.

Había no pocas diferencias. Y, sin embargo, tuvimos tantos acuerdos
y tanta amistad. El no tenía aliados en la comunidad judía para
enfrentar a la dictadura, salvo algunas excepciones de su entorno. Y
yo no tenía ninguna posibilidad de hacer alianza con la izquierda
judía, que estaba congelada y paralizada en el mejor de los casos o
apoyando a la dictadura, en el peor de los casos.

Con Marshal Meyer nos unió al principio el espanto, pero después
una profunda convicción sobre la necesidad de pelear juntos.

Durante toda la etapa aciaga del '76 al '83, el genocidio pareció
importarle muy poco al judaismo oficial, que priorizaba que la
comunidad judía pudíera expresar su identidad sin inconvenientes.

"La izquierda y los terroristas están junto a quienes anhelan
destruir al Estado judío", solían expresar los dirigentes judíos una y
otra vez. Y, al través de sus declaraciones, discursos, comunicados,
notas en la prensa adicta y demás, surgía claramente que sus
posiciones a favor del régimen autoritario no era un tema táctico,
sino de íntima convicción. Por eso decían: "Los militares se
encuentran de nuestro lado; en cambio, los subversivos alientan a
nuestros enemigos".

En 1980, cuando casi toda América latina estaba sometida a feroces
dictaduras militares al servicio de los intereses de Washington, el
general Sharón, que era ministro de Defensa de Israel, visitó al
general Policarpo Paz, jefe de la dictadura hondureña, que en esos
días era denunciada en todo el mundo por su política criminal. Y
Sharón, luego de la visita, dijo sin ruborizarse: "Israel no sólo le
vende armas a Honduras por negocios, sino porque está con nosotros en
la lucha común contra el comunismo internacional".

En ese momento llegó a Buenos Aires Menajem Hacohen, un raro caso
de rabino ortodoxo que se consideraba a sí mismo como socialista y que
integraba en la Knéset el bloque opositor laborista. Al preguntarle en
una entrevista acerca de esas declaraciones de Sharón, Menajem Hacohen
me respondió: "Merecen todo mi repudio. Hemos creado el Estado Judío
para que sea distinto, justo y socialista, y no para convertirlo en
proveeduría de armamentos para las dictaduras militares de América
latina".

Después que testimonié ante el juez Baltasar Garzón, en abril del
'99, fui invitado por el Partido Socialista de Israel ("Meretz") a
visitar ese país. Estaba pronunciando una conferencia en "Tzavta" de
Tel Aviv sobre la caracterología fascista y antisemita de la represión
dictatorial en Argentina, cuando sorpresivamente se presentaron dos ex
ministros del gobierno de Itzjak Rabín: Iosi Sarid y Amnón
Rubinstein. Ambos señalaron que habían concurrido para "rendirle
homenaje a un luchador por los derechos humanos que dignifica al
pueblo judío", lo que para mi resultó una abrumadora gratificación en
contraste con los palos que habitualmente recibo por parte de la
reaccionaria dirección comunitaria judía local. En esa ocasión, tanto
Iosi Sarid como Amnón Rubinstein enfatizaron que habían concurrido a
ese acto también para denunciar "el papel nefasto de sus gobiernos
como cómplices de las peores dictaduras
latinoamericanas y del apartheid sudafricano".

Y Iosi Sarid, que en aquellos días todavía era considerado como el
líder del ala izquierda de su partido, agregó: "Israel debería pedir
perdón a todos los familiares de las víctimas de esos regímenes
sangrientos".

Esto lo dijo Iosi Sarid y quiero puntualizar algo antes de seguir
adelante: no estoy tratando de levantar mi persona y de disminuir todo
lo que esté enfrente. No es que en esa época yo era bueno y ellos eran
malos --a lo mejor, y seguramente, debe haber sido al revés, porque
no puedo ni debo omitir que cometí muchísimos y gruesos errores--,
sino que se trataba de los criterios filosóficos e ideológicos,
absolutante antagónicos, con que se tomó el asunto desde el principio:
para mí los desaparecidos eran mis compañeros de lucha, muchos de
ellos combatientes de las organizaciones armadas populares, mientras
que para el judaísmo oficial eran terroristas que estaban en la vereda
de enfrente. Esto lo subrayo con la voz más alta que tengo para
destacar el oportunismo de los que hoy se pretenden autoblanquear en
el edificio de la calle Pasteur.

Para mí judíos genuinos fueron, por ejemplo, Simón Radowitzky, que
hizo justicia popular y se tragó 21 años de cárcel en Ushuaia o Marcos
Osatinsky, que perteneció a la Juventud Judía de Tucumán, luego fue
uno de los fundadores de las FAR, las Fuerzas Armadas Revolucionarias,
y terminó asesinado por los militares genocidas. Judíos genuinos
fueron ellos y no los estafadores del Banco Mayo o del Banco
Patricios, cuyos continuadores se aprestan en estos momentos a
realizar el acto de autoblanqueo.

Todos los judíos detenidos-desaparecidos (hasta ahora se llevan
contabilizados alrededor de 2000), que entregaron su vida
generosamente, y aunque no lo supieran o dijeran lo contrario, estaban
para mí infinitamente más cerca de las utopías de justicia social de
los antiguos profetas de Israel que de los corruptos burgueses que
desde añares vienen conduciendo las instituciones judías locales.

Admito, sin embargo, que el tema no es sencillo.

En el año 2000, cuando estuve en Cuba por última vez, fui invitado
por la comunidad judía. Fue en un Shabat. Entonces hice en la tierra
de Fidel lo que no hago en Buenos Aires: participé del ritual
sabático. Fue en el hermoso templo judío de La Habana, cerca del
Malecón.

Y bien, después de las oraciones, me hicieron hablar. Y dije
exactamente lo que pienso: hay muchos judíos que no entienden a los
revolucionarios y, lamentablemente, muchos revolucionarios que no
entienden a los judíos. Y yo trato de bailar en los dos casamientos al
mismo tiempo y no siempre lo hago bien.

Este acto de hoy también trata de bailar en los dos casamientos. Y
todavía es muy prematuro saber si lo estamos logrando. Al menos lo
intentamos con la mayor honradez posible.

Si fuera redactor de "Ambito Financiero", mañana titularía la
crónica de este acto así: "Extraño acto judeopiquetero". Y si "Nueva
Presencia" estuviera saliendo, lo titularía de este modo: "Es para la
DAIA que lo mira por TV".

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Y bien, compañeras y compañeros: he sido muy crítico con el
judaísmo oficial y muy crítico con los gobiernos israelíes.

Pero que quede claro: si algún compañero de izquierda, si algún
compañero revolucionario, ha venido a este acto a escuchar que yo diga
que estoy en contra de la existencia de Israel, se equivocó de acto.

Chile tuvo una de las tiranías más sangrientas y represoras del
planeta. A nadie, salvo que estuviera loco, se le hubiera ocurrido
decir que hay que disolver Chile por causa de Pinochet.

Todo nuestro apoyo a los luchadores israelíes que, en condiciones
muy difíciles, están peleando por cosas parecidas a las nuestras. Todo
nuestro apoyo a los 1500 israelíes que hace algunas semanas, en una
movilización que asombró al mundo, rompieron el bloqueo del ejército
israelí a Gaza y llevaron toneladas de alimentos a los palestinos.
Todo nuestro apoyo a los muchos israelíes que hace muy pocos días
manifestaron en Tel Aviv para repudiar el vergonzoso voto israelí
contra la Revolución Cubana en las Naciones Unidas. La manifestación
reclamó también que Israel deje de ser felpudo del genocida Bush.
Todo nuestro apoyo a Fuerza Latina, también conocido en hebreo como
"Coaj Ovdim" (Fuerza Obrera), una agrupación clasista surgida
recientemente en Israel para alejarse de la burocracia sindical, y que
obtuvo, en poco tiempo, valiosas victorias a través de huelgas como
las que tuvieron lugar en el puerto de Tel Aviv y en la
Universidad de Beer Sheva. Todo nuestro apoyo a "Betzelem", la
principal organización de derechos humanos de Israel, candidata a
Premio Nobel de la Paz y que ha denunciado claramente el terrorismo de
Estado de sus gobiernos y ha hecho varios actos en contra del Muro de
la vergüenza.

A todos esos compañeros israelíes, luchadores y socialistas, no
puedo ir a decirles: muchachos, suicídense, porque en Buenos Aires hay
algunos boludos de izquierda que así lo piden.

La historia dela humanidad es la historia de la lucha de clases.
Lo dijo el Manifiesto de 1848 de Marx y Engels. Eso también vale para
Israel, donde hay explotadores y explotados como en cualquier otra
parte del mundo. Todo nuestro repudio a los explotadores y toda
nuestra solidaridad con los explotados y luchadores. El que pida la
desaparición de todo un pueblo, sin hacer la diferencia entre
explotadores y explotados, no es mi compañero, sino un fascista.

La única salida para el drama de esos pueblos que se desangran es paz,
amistad y reconocimiento recíproco entre Palestina e Israel. No la paz
del imperialismo, sino paz con justicia acordada entre ambos
contendientes en igualdad de condiciones.

Cuando surja el Estado palestino soberano seremos los primeros en
ir a saludarlo, aquí, en Buenos Aires. Un Estado palestino al lado de
Israel, no en lugar de Israel.

Nos place enormemente que la placa colocada en el 2002 por el
Movimiento Judío por los Derechos Humanos y la embajada palestina en
la esquina de la Avenida Estado de Israel y la calle Palestina,
todavía esté allí. Y ya van para seis años.

En otras partes del mundo sin duda es distinto, pero entre
palestinos e israelíes sólo la paz es revolucionaria.

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"Nueva Presencia" de ayer. "Nueva Presencia" de hoy. Treinta años
después son casi las mismas luchas.

Y termino con dos invocaciones. Una es una antigua oración judía
por la supervivencia: "Sheejeianu vekimanu veiguianu lazmán hazé". La
otra es más reciente y se hizo carne entre los revolucionarios de todo
el mundo. La pronunció un grande, el comandante Ernesto Che Guevara:
"Hasta la victoria siempre".

lunes, 22 de diciembre de 2008

EL FONDO Y LA FORMA. EDUCAR ES APRENDER ENSEÑANDO Y MIENTRAS SE ENSEÑA, APRENDER.



BOTELLA AL MAR Nº 34: EN EDUCACIÓN NO SE PUEDE "AVANZAR" COMO UN CANGREJO, SEÑOR MINISTRO DE EDUCACIÓN DE LA C.A.B.A.
Qué es educar? La etimología nos envía a “guiar, conducir”. ¿Qué tipo de educación, guía o conducción queremos para una sociedad que aun no puede reparar los daños mediante la justicia de una casi década de represión y de otra casi década en que la profundización de la economía de mercado profundizó con sus consecuencias en una violencia traducida no sólo en torturas, muerte, desapariciones, sino también en un corrimiento social que produjo que los sectores mas desprotegidos entraran en miseria y exclusión?. ¿Cómo mejorarlo, con mas violencia y autoritarismo? ¿no se impone cambiar?.
A esas décadas correspondió, alternativamente, un modelo educativo que prohibía, censuraba, castigaba, “disciplinaba” con la desaparición del posible enemigo interno, el “subversivo”. Después vinieron los tiempos neoliberales de “reforma educativa” que adelgazaron las asignaturas y los contenidos de una escuela ya bastante castigada porque “guiaba, conducía” a pensar, asistiendo ante las carencias, las necesidades de una sociedad que las padecía en gran número. Fueron años en que la escuela era, además de una institución educativa, un lugar de contención, de alimentación. Todas estas cosas resultaban también altamente peligrosas dado que, como pensaba Paulo Freire, aprender y enseñar son actos simultáneos: sólo se puede enseñar aprendiendo y cuando aprendemos también enseñamos pues el hombre aprehende el mundo y aprende del mundo.
Después, las débiles democracias formales permitieron con mucho esfuerzo para los docentes “enseñar aprendiendo y aprender enseñando”. Crecimos, maduramos, retomamos o intentamos retomar niveles perdidos o abandonados por la fuerza de las realidades para NUNCA MÁS hasta que la violencia se plantó nuevamente contra los docentes cuando en Neuquén estaban enseñando a pelear por derechos y dignidades. De la mano de los violentos, de los que la única forma de frenar el “desorden” de un conflicto social se “combate” identificándolo según principios provenientes de Durkheim. Es que algunas mentes necesitan que impere el orden de lo inmutable, de lo resignado, un orden autoritario que no acepte ni permita cuestionamientos ni movilidades.

Curiosamente (y no tanto) es el orden de los fascistas, el del autoritarismo que no permite mas que una estructura vertical donde se educa basándose en rígida disciplina, que no admite cuestionamientos pero sí impone un diferenciación estricta de jerarquías y roles y el cumplimiento de deberes, una educación con ribetes positivistas durkheimnianos y procesistas.
Por eso, cuando la directora del colegio Mariano Acosta, Raquel Papalardo, después de que se difundiera un video donde mojó (en uno de esos días de intenso calor que sofocó a Buenos Aires) a sus alumnos, utilizando una manguera contra incendios en el festejo de fin de curso, resultó un imperdonable hecho de descontrol y desconocimiento de la disciplina y la jerarquía que generó el caos educativo y provocó que, desde el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires se arremetiera contra ella. Esto y no la falta de presupuesto para atender edificios destartalados, falta de becas y atención del refuerzo alimentario sumado a los bajos salarios de los maestros, es motivo de censura, sumario y despido. Sí, ese mismo Gobierno que reprimió a los docentes que solicitaron la recomposición de sus salarios. Esos mismos docentes que mantuvieron dignamente la huelga ante un Gobierno sordo a toda voz. Ese mismo gobierno cuyo ministro –macrista- de Educación, Mariano Narodowski, olvida o desconoce la trayectoria de la escuela en estas últimas tres décadas y media, y señala que: "La figura de un rector de una escuela secundaria tiene que generar una autoridad legítima y confiable”. Lo que es la burocracia! ¿De qué país venimos y qué país vivimos, cuál es el país real?. Directamente este funcionario colabora con un imaginario social para el cual el único orden posible es el de los menores encarcelados bajando la edad de imputabilidad, el de la autoridad ordenando y disciplinando, y mas aun pendiente de confeccionar un mapa de inseguridades y no de falta de trabajo, de exclusión y de ausencia de escolaridad.
La autoridad se gana y por lo que la Comunidad Educativa manifiesta, la Directora se la ha ganado.
Señor Ministro, recuerde que educar no es poner reglas, disciplinar, ordenar, poner distancia y “tomar distancia”, castigar con golpes en las manos con una regla ni mantener en cuclillas sobre granos de maíz, porque:
"Educar es lo mismo
que poner un motor a una barca...
hay que medir, pensar, equilibrar...
... y poner todo en marcha.
Pero para eso,
uno tiene que llevar en el alma
un poco de marino...
un poco de pirata...
un poco de poeta...
y un kilo y medio de paciencia concentrada.
Pero es consolador soñar
mientras uno trabaja,
que ese barco, ese niño
irá muy lejos por el agua.
Soñar que ese navío
llevará nuestra carga de palabras
hacia puertos distantes, hacia islas lejanas.
Soñar que cuando un día
esté durmiendo nuestra propia barca,
en barcos nuevos seguirá
nuestra bandera enarbolada."
Fuenteovejuna
(PS la poesía es de Gabriel Celaya)

miércoles, 17 de diciembre de 2008

UNASUR. TODOS UNIDOS TRIUNFAREMOS


TODOS UNIDOS TRIUNFAREMOS

BOTELLA AL MAR Nº33 la botella que recogieron los países de América Latina que construyeron el UNASUR.

La reunión del UNASUR es la esperada y cada vez más consolidada concreción de la Unión de las Naciones Sudamericanas. Hoy más unidas que nunca con el ingreso de Cuba, el regreso posible en el siglo en que las democracias de América latina han madurado bastante sobre la base de las durísimas pruebas a que la sometieron décadas de movimientos sociales y represión desde mediados del siglo pasado en que llovieron gobiernos de facto, luego reemplazados por democracias formales.
El UNASUR es un hecho fundamental que viene a revertir años de división orquestada por los hijos del… Tío Sam. El UNASUR es una propuesta de integración, una respuesta regional para enfrentar poderosos bloques y pseudo tratados de libre comercio con que se intenta exprimir un poco mas a las castigadas economías latinoamericanas, pero es también una necesidad desde el punto de vista coyuntural frente a una crisis que nos exportan desde su centro de origen.
Si los integrantes del UNASUR continúan con sagacidad e inteligencia evitando cualquier quiebre, se puede esperar mucho más.
Es remarcable el hecho de haber producido de manera inmediata la respuesta ante los hechos de Bolivia, reaccionando con rapidez para apoyar a la democracia de Evo Morales e instalando una comisión que dio como resultado un informe que fue aprobado y dio a conocer los hechos de la masacre de Pando producida dentro del conflicto ocasionado por los prefectos de varios departamentos de ese país.
Pero también dentro del UNASUR se ha creado un Consejo de Defensa regional y un Consejo Sudamericano de Salud. Se debe acelerar la puesta en marcha del Banco del Sur propuesto por Chávez ya que resulta fundamental para evitar la dependencia de financiaciones externas, y sería esperable que se acelerara exitosamente el tema aun pendiente de la búsqueda de un arancel externo común.
Pero al sumar a Cuba al UNASUR, país al que se refirió la presidenta Fernández diciendo que ha regresado “al lugar del cual nunca debió haber salido” fue la obvia referencia al aislamiento al cual EE.UU. condenó a Cuba desde febrero de 1962 y que fue acatado por la mayoría de los países latinoamericanos durante años. Años de servilismo al imperio por convencimiento de los sectores dirigentes y por imposición de las políticas exteriores norteamericanas.
Sin embargo el crecimiento y la coincidencia de democracias de signo nacional y popular más atentas a la realidad del continente y a la integración y complementación permitieron la constitución de este espacio de discusión e integración que, si se mantienen alerta y vigilante, podrá evitar cualquier maniobra que pretenda desestabilizarlos y desunirnos. Aunque todavía existen en América latina algunas pretendidas democracias que no son más que correveidiles del imperio.
No obstante en esta cumbre de integración se están proyectando las reformas necesarias para hacernos fuertes, enfrentar la crisis que nos endosó el imperio y alcanzar la cooperación económica que refuerce a cada país de América latina.
Porque como dijo Paulo Freire, nadie se salva solo, todos nos salvamos en comunidad.
Sólo unidos triunfaremos.

sábado, 13 de diciembre de 2008

BOTELLA AL MAR Nº 32 : ESA MUJER


BOTELLA AL MAR Nº 32.
DE LOS GRASITAS
LOS DESCAMISADOS
LOS CABECITAS NEGRAS
TODO ASUMIDO
GRACIAS A
Esa mujer - DE RODOLFO WALSH



El coronel elogia mi puntualidad:
­Es puntual como los alemanes ­dice.
­O como los ingleses.
El coronel tiene apellido alemán.
Es un hombre corpulento, canoso, de cara ancha, tostada.
­He leído sus cosas ­propone­. Lo felicito.
Mientras sirve dos grandes vasos de whisky, me va informando, casualmente, que tiene veinte años de servicios de informaciones, que ha estudiado filosofía y letras, que es un curioso del arte. No subraya nada, simplemente deja establecido el terreno en que podemos operar, una zona vagamente común.
Desde el gran ventanal del décimo piso se ve la ciudad en el atardecer, las luces pálidas del río. Desde aquí es fácil amar, siquiera momentáneamente, a Buenos Aires. Pero no es ninguna forma concebible de amor lo que nos ha reunido.
El coronel busca unos nombres, unos papeles que acaso yo tenga.
Yo busco una muerta, un lugar en el mapa. Aún no es una búsqueda, es apenas una fantasía: la clase de fantasía perversa que algunos sospechan que podría ocurrírseme.
Algún día (pienso en momentos de ira) iré a buscarla. Ella no significa nada para mí, y sin embargo iré tras el misterio de su muerte, detrás de sus restos que se pudren lentamente en algún remoto cementerio. Si la encuentro, frescas altas olas de cólera, miedo y frustrado amor se alzarán, poderosas vengativas olas, y por un momento ya no me sentiré solo, ya no me sentiré como una arrastrada, amarga, olvidada sombra.
El coronel sabe dónde está.
Se mueve con facilidad en el piso de muebles ampulosos, ornado de marfiles y de bronces, de platos de Meissen y Cantón. Sonrío ante el Jongkind falso, el Fígari dudoso. Pienso en la cara que pondría si le dijera quién fabrica los Jongkind, pero en cambio elogio su whisky.
El bebe con vigor, con salud, con entusiasmo, con alegría, con superioridad, con desprecio. Su cara cambia y cambia, mientras sus manos gordas hacen girar el vaso lentamente.
­Esos papeles ­dice.
Lo miro.
­Esa mujer, coronel.
Sonríe.
­Todo se encadena ­filosofa.
A un potiche de porcelana de Viena le falta una esquirla en la base. Una lámpara de cristal está rajada. El coronel, con los ojos brumosos y sonriendo, habla de la bomba.
­La pusieron en el palier. Creen que yo tengo la culpa. Si supieran lo que he hecho por ellos, esos roñosos.
­¿Mucho daño? ­pregunto. Me importa un carajo.
­Bastante. Mi hija. La he puesto en manos de un psiquiatra. Tiene doce años ­dice.
El coronel bebe, con ira, con tristeza, con miedo, con remordimiento.
Entra su mujer, con dos pocillos de café.
Contale vos, Negra.
Ella se va sin contestar; una mujer alta, orgullosa, con un rictus de neurosis. Su desdén queda flotando como una nubecita.
­La pobre quedó muy afectada ­explica el coronel­. Pero a usted no le importa esto.
­¡Cómo no me va a importar!... Oí decir que al capitán N y al mayor X también les ocurrió alguna desgracia después de aquello.
El coronel se ríe.
­La fantasía popular -dice-. Vea cómo trabaja. Pero en el fondo no inventan nada. No hacen más que repetir.
Enciende un Marlboro, deja el paquete a mi alcance sobre la mesa.
-Cuénteme cualquier chiste -dice.
Pienso. No se me ocurre.
­Cuénteme cualquier chiste político, el que quiera, y yo le demostraré que estaba inventado hace veinte años, cincuenta años, un siglo. Que se usó tras la derrota de Sedán, o a propósito de Hindenburg, de Dollfuss, de Badoglio.
-¿Y esto?
­La tumba de Tutankamón -dice el coronel-. Lord Carnavon. Basura.
El coronel se seca la transpiración con la mano gorda y velluda.
-Pero el mayor X tuvo un accidente, mató a su mujer.
­¿Qué más? ­dice, haciendo tintinear el hielo en el vaso.
-Le pegó un tiro una madrugada.
­La confundió con un ladrón ­sonríe el coronel . Esas cosas ocurren.
­Pero el capitán N. . .
­Tuvo un choque de automóvil, que lo tiene cualquiera, y más él, que no ve un caballo ensillado cuando se pone en pedo.
­¿Y usted, coronel?
­Lo mío es distinto ­dice­. Me la tienen jurada.
Se para, da una vuelta alrededor de la mesa.
­Creen que yo tengo la culpa. Esos roñosos no saben lo que yo hice por ellos. Pero algún día se va a escribir la historia. A lo mejor la va a escribir usted.
­Me gustaría.
­Y yo voy a quedar limpio, yo voy a quedar bien. No es que me importe quedar bien con esos roñosos, pero sí ante la historia, ¿comprende?
­Ojalá dependa de mí, coronel.
­Anduvieron rondando. Una noche, uno se animó. Dejó la bomba en el palier y salió corriendo.
Mete la mano en una vitrina, saca una figurita de porcelana policromada, una pastora con un cesto de flores.
-Mire.
A la pastora le falta un bracito.
­Derby -dice. Doscientos años.
La pastora se pierde entre sus dedos repentinamente tiernos. El coronel tiene una mueca de fierro en la cara nocturna, dolorida.
­¿Por qué creen que usted tiene la culpa?
­Porque yo la saqué de donde estaba, eso es cierto, y la llevé donde está ahora, eso también es cierto. Pero ellos no saben lo que querían hacer, esos roñosos no saben nada, y no saben que fui yo quien lo impidió.
El coronel bebe, con ardor, con orgullo, con fiereza, con elocuencia, con método.
-Porque yo he estudiado historia. Puedo ver las cosas con perspectiva histórica. Yo he leído a Hegel.
­¿Qué querían hacer?
­Fondearla en el río, tirarla de un avión, quemarla y arrojar los restos por el inodoro, diluirla en ácido. ¡Cuanta basura tiene que oír uno! Este país está cubierto de basura, uno no sabe de dónde sale tanta basura, pero estamos todos hasta el cogote.
­Todos, coronel. Porque en el fondo estamos de acuerdo, ¿no? Ha llegado la hora de destruir. Habría que romper todo.
-Y orinarle encima.
­Pero sin remordimientos, coronel. Enarbolando alegremente la bomba y la picana. ¡Salud! -digo levantando el vaso.
No contesta. Estamos sentados junto al ventanal. Las luces del puerto brillan azul mercurio. De a ratos se oyen las bocinas de los automóviles, arrastrándose lejanas como las voces de un sueño. El coronel es apenas la mancha gris de su cara sobre la mancha blanca de su camisa.
­Esa mujer ­le oigo murmurar­. Estaba desnuda en el ataúd y parecía una virgen. La piel se le había vuelto transparente. Se veían las metástasis del cáncer, como esos dibujitos que uno hace en una ventanilla mojada.
El coronel bebe. Es duro.
­Desnuda ­dice­. Éramos cuatro o cinco y no queríamos mirarnos. Estaba ese capitán de navío, y el gallego que la embalsamó, y no me acuerdo quién más. Y cuando la sacamos del ataúd -el coronel se pasa la mano por la frente­, cuando la sacamos, ese gallego asqueroso...
Oscurece por grados, como en un teatro. La cara del coronel es casi invisible. Sólo el whisky brilla en su vaso, como un fuego que se apaga despacio. Por la puerta abierta del departamento llegan remotos ruidos. La puerta del ascensor se ha cerrado en la planta baja, se ha abierto más cerca. El enorme edificio cuchichea, respira, gorgotea con sus cañerías, sus incineradores, sus cocinas, sus chicos, sus televisores, sus sirvientas, Y ahora el coronel se ha parado, empuña una metralleta que no le vi sacar de ninguna parte, y en puntas de pie camina hacia el palier, enciende la luz de golpe, mira el ascético, geométrico, irónico vacío del palier, del ascensor, de la escalera, donde no hay absolutamente nadie y regresa despacio, arrastrando la metralleta.
­Me pareció oír. Esos roñosos no me van a agarrar descuidado, como la vez pasada.
Se sienta, más cerca del ventanal ahora. La metralleta ha desaparecido y el coronel divaga nuevamente sobre aquella gran escena de su vida.
­...se le tiró encima, ese gallego asqueroso. Estaba enamorado del cadáver, la tocaba, le manoseaba los pezones. Le di una trompada, mire -el coronel se mira los nudillos­, que lo tiré contra la pared. Está todo podrido, no respetan ni a la muerte. ¿Le molesta la oscuridad?
­No.
­Mejor. Desde aquí puedo ver la calle. Y pensar. Pienso siempre. En la oscuridad se piensa mejor.
Vuelve a servirse un whisky.
­Pero esa mujer estaba desnuda -dice, argumenta contra un invisible contradictor-. Tuve que taparle el monte de Venus, le puse una mortaja y el cinturón franciscano.
Bruscamente se ríe.
­Tuve que pagar la mortaja de mi bolsillo. Mil cuatrocientos pesos. Eso le demuestra, ¿eh? Eso le demuestra.
Repite varias veces "Eso le demuestra", como un juguete mecánico, sin decir qué es lo que eso me demuestra.
-Tuve que buscar ayuda para cambiarla de ataúd. Llamé a unos obreros que había por ahí. Figúrese como se quedaron. Para ellos era una diosa, qué sé yo las cosas que les meten en la cabeza, pobre gente.
­¿Pobre gente?
­Sí, pobre gente.­El coronel lucha contra una escurridiza cólera interior­. Yo también soy argentino.
­Yo también, coronel, yo también. Somos todos argentinos.
­Ah, bueno ­dice.
­¿La vieron así?
­Sí, ya le dije que esa mujer estaba desnuda. Una diosa, y desnuda, y muerta. Con toda la muerte al aire, ¿sabe? Con todo, con todo...
La voz del coronel se pierde en una perspectiva surrealista, esa frasecita cada vez más rémova encuadrada en sus líneas de fuga, y el descenso de la voz manteniendo una divina proporción o qué. Yo también me sirvo un whisky.
­Para mí no es nada -dice el coronel­. Yo estoy acostumbrado a ver mujeres desnudas. Muchas en mi vida. Y hombres muertos. Muchos en Polonia, el 39. Yo era agregado militar, dése cuenta.
Quiero darme cuenta, sumo mujeres desnudas más hombres muertos, pero el resultado no me da, no me da, no me da... Con un solo movimiento muscular me pongo sobrio, como un perro que se sacude el agua.
­A mí no me podía sorprender. Pero ellos...
­¿Se impresionaron?
­Uno se desmayó. Lo desperté a bofetadas. Le dije: "Maricón, ¿ésto es lo que hacés cuando tenés que enterrar a tu reina? Acordate de San Pedro, que se durmió cuando lo mataban a Cristo." Después me agradeció.
Miró la calle. "Coca" dice el letrero, plata sobre rojo. "Cola" dice el letrero, plata sobre rojo. La pupila inmensa crece, círculo rojo tras concéntrico círculo rojo, invadiendo la noche, la ciudad, el mundo. "Beba".
­Beba ­dice el coronel.
Bebo.
­¿Me escucha?
-Lo escucho.
Le cortamos un dedo.
­¿Era necesario?
El coronel es de plata, ahora. Se mira la punta del índice, la demarca con la uña del pulgar y la alza.
­Tantito así. Para identificarla.
-¿No sabían quién era?
Se ríe. La mano se vuelve roja. "Beba".
­Sabíamos, sí. Las cosas tienen que ser legales. Era un acto histórico, ¿comprende?
­Comprendo.
-La impresión digital no agarra si el dedo está muerto. Hay que hidratarlo. Más tarde se lo pegamos.
­¿Y?
­Era ella. Esa mujer era ella.
­¿Muy cambiada?
­No, no, usted no me entiende. lgualita. Parecía que iba a hablar, que iba a... Lo del dedo es para que todo fuera legal. El profesor R. controló todo, hasta le sacó radiografías.
­¿El profesor R.?
-Sí. Eso no lo podía hacer cualquiera. Hacía falta alguien con autoridad científica, moral.
En algún lugar de la casa suena, remota, entrecortada, una campanilla. No veo entrar a la mujer del coronel, pero de pronto esta ahí, su voz amarga, inconquistable.
­¿Enciendo?
­No.
­Teléfono.
­Deciles que no estoy.
Desaparece.
­Es para putearme ­explica el coronel-. Me llaman a cualquier hora. A las tres de la madrugada, a las cinco.
-Ganas de joder ­digo alegremente.
­Cambié tres veces el número del teléfono. Pero siempre lo averiguan.
­¿Qué le dicen?
­Que a mi hija le agarre la polio. Que me van a cortar los huevos. Basura.
Oigo el hielo en el vaso, como un cencerro lejano.
­Hice una ceremonia, los arengué. Yo respeto las ideas, les dije. Esa mujer hizo mucho por ustedes. Yo la voy a enterrar como cristiana. Pero tienen que ayudarme.
El coronel está de pie y bebe con coraje, con exasperación, con grandes y altas ideas que refluyen sobre él como grandes y altas olas contra un peñasco y lo dejan intocado y seco, recortado y negro, rojo y plata.
­La sacamos en un furgón, la tuve en Viamonte, después en 25 de Mayo, siempre cuidándola, protegiéndola, escondiéndola. Me la querían quitar, hacer algo con ella. La tapé con una lona, estaba en mi despacho, sobre un armario, muy alto. Cuando me preguntaban qué era, les decía que era el transmisor de Córdoba, la Voz de la Libertad.
Ya no sé dónde está el coronel. El reflejo plateado lo busca, la pupila roja. Tal vez ha salido. Tal vez ambula entre los muebles. El edificio huele vagamente a sopa en la cocina, colonia en el baño, pañales en la cuna, remedios, cigarrillos, vida, muerte.
-Llueve -dice su voz extraña.
Miro el cielo: el perro Sirio, el cazador Orión.
­Llueve día por medio ­dice el coronel-. Día por medio llueve en un jardín donde todo se pudre, las rosas, el pino, el cinturón franciscano.
Dónde, pienso, dónde.
­¡Está parada! -grita el coronel­. ¡La enterré parada, como Facundo, porque era un macho!
Entonces lo veo, en la otra punta de la mesa. Y por un momento, cuando el resplandor cárdeno lo baña, creo que llora, que gruesas lágrimas le resbalan por la cara.
­No me haga caso -dice, se sienta­. Estoy borracho.
Y largamente llueve en su memoria.
Me paro, le toco el hombro.
­¿Eh? -dice­ ¿Eh? -dice.
Y me mira con desconfianza, como un ebrio que se despierta en un tren desconocido.
-¿La sacaron del país?
-Sí.
­¿La sacó usted?
­Sí.
-¿Cuántas personas saben?
­DOS.
­¿El Viejo sabe?
Se ríe.
-Cree que sabe.
­¿Dónde?
No contesta.
­Hay que escribirlo, publicarlo.
­Sí. Algún día.
Parece cansado, remoto.
­¡Ahora! ­me exaspero­. ¿No le preocupa la historia? ¡Yo escribo la historia, y usted queda bien, bien para siempre, coronel!
La lengua se le pega al paladar, a los dientes.
-Cuando llegue el momento... usted será el primero...
­No, ya mismo. Piense. Paris Match. Life. Cinco mil dólares. Diez mil. Lo que quiera.
Se ríe.
­¿Dónde, coronel, dónde?
Se para despacio, no me conoce. Tal vez va a preguntarme quién soy, qué hago ahí.
Y mientras salgo derrotado, pensando que tendré que volver, o que no volveré nunca. Mientras mi dedo índice inicia ya ese infatigable itinerario por los mapas, uniendo isoyetas, probabilidades, complicidades. Mientras sé que ya no me interesa, y que justamente no moveré un dedo, ni siquiera en un mapa, la voz del coronel me alcanza como una revelación.
­Es mía -dice simplemente­. Esa mujer es mía.